Cueva del Agua (antes de la cuarentena)

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En febrero de este 2020, realizamos bastantes rutas por nuestro municipio, Santiago-Pontones. Sin saber lo que nos venía encima, pero con más ansias de lo normal. Y entre las rutas que realizamos fue, la Cueva del Agua.

Realizamos la ruta con nuestro sobrino Bryan. Aparcamos el coche sobre las 9 horas de la mañana en la era de la aldea de Poyotello.

Desde allí, es un pronunciado descenso por una senda que va serpenteando hasta la misma Cueva Del Agua. Durante el trayecto, disfrutas un montón con las vistas. El río Segura a lo largo de los tiempos ha moldeado el terreno, dejando unos cañones con formas muy caprichosas y de gran belleza.

Al llegar abajo, nos encontramos con la gran gruta de la Cueva Del Agua. Parece un lugar mágico, en cualquier momento piensas que va aparecer la ninfa del lugar tocando la música y bailando, como una náyade y no te va dejar marchas nunca. Del suelo de la cueva nace el agua y va canalizándose poco a poco hacia fuera. Puedes estar horas como hechizado por el ruido del agua sin moverte del lugar. Pero en nuestro caso, nos acordamos que queríamos llegar más lejos, hasta el Charco del Humo.

Pasamos por un pequeño valle lleno de avellano, sauces y olmos. Y, también,  con antiguos restos de márgenes de piedra seca y caminos empedrados que nos hizo imaginarnos el gran trajín agrícola que habría hace años en este valle tan fértil.

El Charco del Humo se llama así porque es un salto en el río Segura que por lo grande que es y la fuerza del agua parece que sale humo constantemente. Si visitáis la Cueva del Agua no podéis perderos esta maravilla de la naturaleza.

Luego nada, volver por lo andado hasta la aldea de Poyotello, que también vale la pena visitarla. En total, entre ir y volver unas 3 horas a un ritmo tranquilo.

Esperemos que cuando pasen todas las restricciones puestas para contener al virus, podáis disfrutar de esta ruta tan bonita. Nosotros escribiendo esta entrada y revisando las fotos para ponerlas aquí, nos hemos dado cuenta que deberíamos valorar más nuestro patrimonio natural, nuestra querida Sierra Segura.

Un solo virus y mirad como hace tambalear nuestra forma de vida, en cambio, 2 meses sin la presencia humana y la naturaleza y todos los animales están la mar de felices. Está claro quién es el problema y quién lo desequilibra todo. El planeta es la casa de todos y no es nuestro, al contrario somos sus inquilinos, no hagamos enfadar al propietario.